
MARCELO MAZZARELLO está hasta marzo en "Doña flor y sus dos maridos" en el Brodway. Hablamos de todo un poco, con alguna interrupciones de otras radios que lo solicitaban, pero finalmente se quedó con nosotras.
En la ciénega del alcohol y la noche ansiosa quedan siempre atrapados los anhelos más perversos e incontrolables que después justificamos bajo efectos secundarios reales o inventados. La maldición del olor a fluidos que todavía no se transformaron en sustancias pegajosas nos convierten en animales a veces abominables que necesitan exaltar los rasgos bonitos de las caras y cuerpos danzantes como la seguridad tras el muro de nuestra propia incapacidad. No me preguntes porque te entrego mi vagina como si fuera el souvenir de la velada cuando en realidad tu piel tiene para mí bajo las escamas, componentes abstractos que quizás me resultan mucho más atractivos. Los códigos se rompen y la ley de mi ser es tajante, no puedo desandar ya nada de lo que mi peso especifico surco en la tierra de nadie. El arsénico me ronda despiadado, no puedo extirparlo, ni quiero, me duele la imagen, que queda grabada para siempre, y mi desequilibrio mental peligra más todavía.

